He sufrido de bulimia por un tiempo. No por mucho la verdad, y puede ser que ni siquiera sea una verdadera bulímica, pero el daño emocional que me ha dejado lo puedo sentir, lo puedo palpar. Es increíble como duele verse al espejo y ver tanta imperfección, tanto odio, tanto dolor. Soy débil.
Sí, soy débil, soy débil, soy débil. He sucumbido al estereotipo de belleza de la sociedad, he caído ante la tentación de la comida, y no logro soportarme. Me odio, no me gusto, me doy asco y no solo físicamente. Hay algo dentro de mí que me desagrada, me disgusta y no estoy segura de qué es. Quizás es todo, quizás es nada.
Ayer, vomité. Me costó tanto. Me sentí tan mal, tan asquerosa, tan horrible. Intenté pedir ayuda a un amigo, y éste no respondió. Creo que ya no tengo casi a nadie, y me duele reconocerlo. Son muy pocos en los que puedo confiar, muy pocos los que se preocuparían si me llegara a pasar algo, y probablemente, son aún menos de los que yo creo.
Algo ha estado muy mal conmigo estos días. Me deprimo muy fácilmente, como sabiendo que después me voy a odiar aún más... Comienzo a amar la sensación de vacío en el estómago.
Hoy, intenté no comer; no lo logré. Pero, ingerí menos de 800 calorías, eso ya es algo. Lo seguiré intentando, quiero dejar de comer, quiero ser linda, quiero sentirme linda.
Acabo de preguntarle a alguien a quien quise demasiado, y por quién perdí a mi mejor amistad, si era mi amigo. Me contestó que no. Y no me dolió tanto como pensé que sería, creo que, ya lo sabía desde hace mucho tiempo.
Y es que, todo ha cambiado tanto, yo lo he hecho, y demasiado. No sé las causas de estos cambios, y no sé si quiero descubrirlas. Por ahora, me iré a dormir, espero despertar mañana sintiéndome mejor.
Espero pronto poder recordar quién soy yo.
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